En los años 80 el mundo se puso de acuerdo para no darle dinero a Suráfrica. Y la presión tuvo éxito: el sistema del apartheid terminó siendo insostenible. No solo se demostró que las sanciones económicas funcionan, sino que el mundo es capaz de ponerse de acuerdo para una causa moral. Pero ahora es muy difícil que podamos volver a hacerlo. Si nos tomáramos en serio lo de usar la billetera como mecanismo de presión moral, el mundo entero tendría que dejar de comerciar con China hasta que abandone la dictadura, libere a los presos políticos, acepte las fronteras marítimas que están reconocidas, abandone esa pretensión de adoctrinar a los uygures y deje en paz a Taiwán y Tíbet. Son muchísimas exigencias y el mundo ya depende demasiado del comercio chino. No va a suceder. ¿Hay otros blancos alcanzables? Quizás podríamos intentar sancionar a los países que no admiten el matrimonio homosexual. Pero a fecha de hoy eso implicaría que solo 25 países estarían en plan de boicotear a los otro...
Imaginando la Colombia del futuro y tratando de construirla hoy.