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¿Cuál es el mejor vividero del mundo?

O más bien: ¿adónde debería mudarse uno si de verdad pudiera elegir? En primer lugar, quiero vivir en un país con libertad de prensa . O sea que no puedo vivir en Afganistán, Angola, Arabia Saudita, Argelia, Azerbaiyán, Bahréin, Bangladesh, Bielorrusia, Birmania, Brunei, Bulgaria, Burundi, Camboya, Camerún, Catar, Chad, China, Colombia, Congo, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Eritrea, Eswatini, Etiopía, Filipinas, Gambia, Guatemala, Honduras, India, Indonesia, Irak, Irán, Jordania, Guinea Ecuatorial, Kazakstán, Laos, Libia, Malasia, Maldivas, Mali, Marruecos, México, Nigeria, Omán, Pakistán, Palestina, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Ruanda, Rusia, Singapur, Siria, Somalia, Sri Lanka, Sudán, Sudán del Sur, Tailandia, Tayikistán, Turkmenistán, Turquía, Uganda, Uzbekistán, Venezuela, Vietnam, Yemen, Yibuti, Zambia ni Zimbabwe. Además, quiero vivir en una  democracia  suficientemente sólida. De los países que quedan, eso me obl...

Por los daños recibidos

Esta semana el presidente de México le pidió al gobierno español que ofrezca disculpas por la conquista de las tierras americanas. El gobierno español ya contestó que no hay el menor riesgo de que eso ocurra, pero, incluso si a uno le son indiferentes las atrocidades que pasaron hace siglos, el atraso del Tercer Mundo hace que todavía esté pendiente la discusión sobre las responsabilidades de los poderes conquistadores sobre las tierras conquistadas. Es improbable que en el resto de este siglo Bolivia deje de reclamarle a Chile su porción de costa, Japón se sigue haciendo el de la vista gorda con el azote al que sometió toda la costa asiática, y Rusia todavía debe Crimea, pero la cuestión de los agravios por invasión del territorio es mucho más larga y enredada, como bien sabe cualquier cisjordano. Por supuesto, la solución incorrecta es la que se inventaron los franceses, que por más de un siglo le cobraron a Haití una indemnización  por haberse independizado. Pero la solución...

Que sí, que Juan Gabriel sí está muerto

Alberto Aguilera Valadez, alias Juan Gabriel, se disputa con Armando Manzanero el título del compositor de música popular más fecundo, más copiado y más admirado de Latinoamérica. Juan Gabriel logró para nuestro panorama musical la misma hazaña que al otro lado del charco hicieron Prince, Boy George y Freddie Mercury: hizo visible una forma más amplia de masculinidad, una que no necesita probar su valor dominando a otros sino creando belleza. Juan Gabriel murió de un infarto el 28 de agosto de 2016, pero últimamente su manager (es decir, la persona a quien él le generaba más ganancias) ha estado diciendo que el cantante simuló su muerte y planea una dramática vuelta a escena. Si esta historia fuera verdad (lo cual no hay que creer ni por un segundo), se trataría del golpe mediático más innecesario desde la quinta jubilación y el quinto retorno de Krusty el Payaso. Suponiendo que Juan Gabriel esté vivo (que no lo está), un artista de su talla no tendría por qué inventarse una histori...

Bajo una siniestra sonrisa

Por alguna razón, el antropomorfismo es exageradamente popular en Japón. Les encanta representar objetos, instituciones, productos y conceptos abstractos con la forma de niñas adorables. Literalmente a cualquier cosa se le puede dar ese tratamiento: Se supone que esta niña es Wikipedia. Torpe, impredecible y llena de problemas: así es Windows Millennium. Los personajes de este manga son los artículos de la Constitución de Japón. Estos ejemplos son inofensivos. Pero, como la naturaleza de la internet es arruinarlo todo, hay casos más controversiales: Cuando no está matando gente, el virus del ébola es más bien lindo. Este personaje representó a Afganistán en una serie de cómics. A alguien se le ocurrió que era buena idea ponerle una cara tierna al Estado Islámico. Pues bien, este año recibió muchos elogios la serie animada  Hataraku Saibou   ("Células Trabajadoras"). El escenario de la trama es el torrente sanguíneo de un c...

Otra vez con el cuento de la cadena perpetua

Hace dos años publiqué un  comentario  sobre uno de los pasatiempos preferidos de los colombianos: darles a nuestros presos el peor trato posible. La conclusión, que la vida nos recuerda cada vez que salimos a la calle, es que somos un país de mentalidad vengativa. Y en esa época todavía no habíamos visto la bilis que se regó alrededor de las negociaciones de paz. Por supuesto, el revanchismo es un  universal humano , pero en Colombia lo volvimos plato típico. Y como la venganza mueve a las masas, es un recurso ideal para el que quiere congraciarse con ellas. Ahora estamos viviendo el más reciente retorno del eterno caballito de batalla del populismo punitivo, el viento que hincha las banderas del pánico moral, la última en nuestra larga cadena de iniciativas torpes: la cadena perpetua para violadores y asesinos de menores de edad. Es una propuesta pésima que no va a solucionar absolutamente nada y solo va a conseguir hacer más bulto, tanto en los tribunales penales ...

La opinión servil

El ejemplo más claro de lo que es un idiota útil se encuentra en la sección de blogs de TeleSur. Nunca deja de pasmarme la dedicación con que decenas de personas altísimamente educadas insisten en seguir haciéndole el juego a un gobierno indefendible. Miren algunas de las hojas de vida que desfilan por esa página: Adalberto Santana. Doctor en Estudios Latinoamericanos e investigador titular del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM. Alfredo Serrano. Doctor en Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, con Posdoctorado en Economía de la Universidad Laval (Canadá). Director del Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico. Profesor universitario. Atilio Borón.  Sociólogo y Magister en Ciencias Políticas. PhD en Ciencia Política de la Universidad de Harvard. Fernando Abad.  Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Máster en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunic...

Examen posmórtem de Colombia Humana

Tenía cosas guardadas por decir, que no dije durante la campaña presidencial para que nadie me pudiera acusar de perjudicar la causa, y ya que la causa se perdió, aquí están. La campaña de 2018 fue odiosa y poblada de ridiculeces. De un lado de Facebook, vi a mis amigos publicar extensos lamentos elegíacos apelando a los poetas griegos y citando al Señor de los Anillos para suplicarnos a los verdes que nos uniéramos a votar por Petro. El problema con esa clase de argumento es que las acusaciones de tragedia y de fascismo tienen un peso simbólico enorme, que es irresponsable derrochar. Lo único que se gana llamando a todo fascismo es que el significado se diluye y la palabra se vuelve inútil. No es lo mismo llamar fascista a Uribe (que es redundante) y llamar fascista a Duque (que está por verse). Si uno se dedica a malgastar la palabra fascismo cada vez que habla un godo, queda uno desarmado cuando se encuentre con un fascismo de veras. Salir a decir que la elección entre Petro y Duq...

La confusión de la naranjada

En la edición en inglés de Cien Años de Soledad , una frase del capítulo 4 está mal traducida: "le ofrecieron naranjada con galletitas" aparece como: "they offered her orange marmalade and crackers". El traductor, Gregory Rabassa, no sabía que la naranjada es otra forma de llamar al jugo de naranja, y pensó en cambio que era un tipo de mermelada. Este tipo de error es casi inofensivo (aunque cualquiera que haya vivido en el calor de la costa notaría de inmediato el carácter sospechoso de no ofrecerle jugo a un invitado), pero en otros casos una mala traducción puede destrozar el efecto de la literatura. Por alguna misteriosa razón, la Divina Comedia  ha sido traducida al español más de treinta veces. Para ahorrar tiempo, mi indicador de la calidad de una versión de la Divina Comedia  es el Canto Tercero del Infierno. El texto de Ángel Crespo, que al parecer ganó un premio de traducción, hace un trabajo más bien mediocre en este fragmento: Por mí se va a la ciu...

Se puso difícil boicotear

En los años 80 el mundo se puso de acuerdo para no darle dinero a Suráfrica. Y la presión tuvo éxito: el sistema del apartheid terminó siendo insostenible. No solo se demostró que las sanciones económicas funcionan, sino que el mundo es capaz de ponerse de acuerdo para una causa moral. Pero ahora es muy difícil que podamos volver a hacerlo. Si nos tomáramos en serio lo de usar la billetera como mecanismo de presión moral, el mundo entero tendría que dejar de comerciar con China hasta que abandone la dictadura, libere a los presos políticos, acepte las fronteras marítimas que están reconocidas, abandone esa pretensión de adoctrinar a los uygures y deje en paz a Taiwán y Tíbet. Son muchísimas exigencias y el mundo ya depende demasiado del comercio chino. No va a suceder. ¿Hay otros blancos alcanzables? Quizás podríamos intentar sancionar a los países que no admiten el matrimonio homosexual. Pero a fecha de hoy eso implicaría que solo 25 países estarían en plan de boicotear a los otro...