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Por la ventana, muy lejos

Donald se despertó el sábado casi sin aliento. Así ocurre siempre. El peso que no lo deja respirar debería ser uno más abstracto, más emocional, como el peso de desmoronar la democracia y conducir al mundo al abismo. Pero Donald no siente ese peso. Este es un peso más concreto, más físico. Es el peso de su propio cuerpo. Es un cuerpo hecho de gustos simples. A Donald le gustan las hamburguesas de McDonald’s. El peso estandarizado de la carne en una hamburguesa de McDonald’s es 30 gramos. El peso de Donald es 120 kilogramos. Todas las mañanas se verifica el profano milagro de que haya sobrevivido a la noche. Un hombre de 120 kilogramos sometido a una dieta casi exclusiva de hamburguesas no debería ser capaz de dormir y respirar al mismo tiempo, pero Donald puede. Ese sábado Donald estaba enojado. En realidad, todos los días lo enoja algo. Lo enojan las mujeres, los gays, los negros, los chinos, los franceses, los ingleses, los periodistas, los comediantes, los historiadores, los eco...

Conversación imaginada en la Registraduría

En algún momento tiene que haber ocurrido este intercambio: —Jefe, ¿cómo vamos a identificar a una persona que no tiene índice derecho? —Pues le tomamos la huella del índice izquierdo. —¿Y si tampoco tiene índice izquierdo? —Pues tiene otros ocho dedos, hombre. —¿Y si no tiene ninguno de esos dedos? —¡Al menos tendrá pies! —¿Y si tiene síndrome de Naegeli-Franceschetti-Jadassohn, o dermatopatía pigmentosa reticular, o una mutación en el gen SMARCAD1, todos los cuales causan que los dedos no tengan huellas ? —Entonces habrá que recurrir a la lectura de venas de los dedos , que también forman un patrón único en cada persona. —¿Y si nació sin manos ni pies ? —No sé… nos tocará inventarnos un sistema de lectura de iris para poner en la cédula. —Pero, jefe, ¿qué hacemos si el ciudadano tiene una mutación en el gen PAX6 y, como consecuencia, nació sin iris ? —¿Todavía estamos suponiendo que no le podemos tomar huellas digitales? —Exacto. —Aun así, le podemos leer la retina...

¿Cuál es el mejor vividero del mundo?

O más bien: ¿adónde debería mudarse uno si de verdad pudiera elegir? En primer lugar, quiero vivir en un país con libertad de prensa . O sea que no puedo vivir en Afganistán, Angola, Arabia Saudita, Argelia, Azerbaiyán, Bahréin, Bangladesh, Bielorrusia, Birmania, Brunei, Bulgaria, Burundi, Camboya, Camerún, Catar, Chad, China, Colombia, Congo, Corea del Norte, Cuba, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Eritrea, Eswatini, Etiopía, Filipinas, Gambia, Guatemala, Honduras, India, Indonesia, Irak, Irán, Jordania, Guinea Ecuatorial, Kazakstán, Laos, Libia, Malasia, Maldivas, Mali, Marruecos, México, Nigeria, Omán, Pakistán, Palestina, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Ruanda, Rusia, Singapur, Siria, Somalia, Sri Lanka, Sudán, Sudán del Sur, Tailandia, Tayikistán, Turkmenistán, Turquía, Uganda, Uzbekistán, Venezuela, Vietnam, Yemen, Yibuti, Zambia ni Zimbabwe. Además, quiero vivir en una  democracia  suficientemente sólida. De los países que quedan, eso me obl...

Por los daños recibidos

Esta semana el presidente de México le pidió al gobierno español que ofrezca disculpas por la conquista de las tierras americanas. El gobierno español ya contestó que no hay el menor riesgo de que eso ocurra, pero, incluso si a uno le son indiferentes las atrocidades que pasaron hace siglos, el atraso del Tercer Mundo hace que todavía esté pendiente la discusión sobre las responsabilidades de los poderes conquistadores sobre las tierras conquistadas. Es improbable que en el resto de este siglo Bolivia deje de reclamarle a Chile su porción de costa, Japón se sigue haciendo el de la vista gorda con el azote al que sometió toda la costa asiática, y Rusia todavía debe Crimea, pero la cuestión de los agravios por invasión del territorio es mucho más larga y enredada, como bien sabe cualquier cisjordano. Por supuesto, la solución incorrecta es la que se inventaron los franceses, que por más de un siglo le cobraron a Haití una indemnización  por haberse independizado. Pero la solución...

Que sí, que Juan Gabriel sí está muerto

Alberto Aguilera Valadez, alias Juan Gabriel, se disputa con Armando Manzanero el título del compositor de música popular más fecundo, más copiado y más admirado de Latinoamérica. Juan Gabriel logró para nuestro panorama musical la misma hazaña que al otro lado del charco hicieron Prince, Boy George y Freddie Mercury: hizo visible una forma más amplia de masculinidad, una que no necesita probar su valor dominando a otros sino creando belleza. Juan Gabriel murió de un infarto el 28 de agosto de 2016, pero últimamente su manager (es decir, la persona a quien él le generaba más ganancias) ha estado diciendo que el cantante simuló su muerte y planea una dramática vuelta a escena. Si esta historia fuera verdad (lo cual no hay que creer ni por un segundo), se trataría del golpe mediático más innecesario desde la quinta jubilación y el quinto retorno de Krusty el Payaso. Suponiendo que Juan Gabriel esté vivo (que no lo está), un artista de su talla no tendría por qué inventarse una histori...

Bajo una siniestra sonrisa

Por alguna razón, el antropomorfismo es exageradamente popular en Japón. Les encanta representar objetos, instituciones, productos y conceptos abstractos con la forma de niñas adorables. Literalmente a cualquier cosa se le puede dar ese tratamiento: Se supone que esta niña es Wikipedia. Torpe, impredecible y llena de problemas: así es Windows Millennium. Los personajes de este manga son los artículos de la Constitución de Japón. Estos ejemplos son inofensivos. Pero, como la naturaleza de la internet es arruinarlo todo, hay casos más controversiales: Cuando no está matando gente, el virus del ébola es más bien lindo. Este personaje representó a Afganistán en una serie de cómics. A alguien se le ocurrió que era buena idea ponerle una cara tierna al Estado Islámico. Pues bien, este año recibió muchos elogios la serie animada  Hataraku Saibou   ("Células Trabajadoras"). El escenario de la trama es el torrente sanguíneo de un c...

Otra vez con el cuento de la cadena perpetua

Hace dos años publiqué un  comentario  sobre uno de los pasatiempos preferidos de los colombianos: darles a nuestros presos el peor trato posible. La conclusión, que la vida nos recuerda cada vez que salimos a la calle, es que somos un país de mentalidad vengativa. Y en esa época todavía no habíamos visto la bilis que se regó alrededor de las negociaciones de paz. Por supuesto, el revanchismo es un  universal humano , pero en Colombia lo volvimos plato típico. Y como la venganza mueve a las masas, es un recurso ideal para el que quiere congraciarse con ellas. Ahora estamos viviendo el más reciente retorno del eterno caballito de batalla del populismo punitivo, el viento que hincha las banderas del pánico moral, la última en nuestra larga cadena de iniciativas torpes: la cadena perpetua para violadores y asesinos de menores de edad. Es una propuesta pésima que no va a solucionar absolutamente nada y solo va a conseguir hacer más bulto, tanto en los tribunales penales ...

La opinión servil

El ejemplo más claro de lo que es un idiota útil se encuentra en la sección de blogs de TeleSur. Nunca deja de pasmarme la dedicación con que decenas de personas altísimamente educadas insisten en seguir haciéndole el juego a un gobierno indefendible. Miren algunas de las hojas de vida que desfilan por esa página: Adalberto Santana. Doctor en Estudios Latinoamericanos e investigador titular del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM. Alfredo Serrano. Doctor en Economía de la Universidad Autónoma de Barcelona, con Posdoctorado en Economía de la Universidad Laval (Canadá). Director del Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico. Profesor universitario. Atilio Borón.  Sociólogo y Magister en Ciencias Políticas. PhD en Ciencia Política de la Universidad de Harvard. Fernando Abad.  Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Máster en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunic...

Examen posmórtem de Colombia Humana

Tenía cosas guardadas por decir, que no dije durante la campaña presidencial para que nadie me pudiera acusar de perjudicar la causa, y ya que la causa se perdió, aquí están. La campaña de 2018 fue odiosa y poblada de ridiculeces. De un lado de Facebook, vi a mis amigos publicar extensos lamentos elegíacos apelando a los poetas griegos y citando al Señor de los Anillos para suplicarnos a los verdes que nos uniéramos a votar por Petro. El problema con esa clase de argumento es que las acusaciones de tragedia y de fascismo tienen un peso simbólico enorme, que es irresponsable derrochar. Lo único que se gana llamando a todo fascismo es que el significado se diluye y la palabra se vuelve inútil. No es lo mismo llamar fascista a Uribe (que es redundante) y llamar fascista a Duque (que está por verse). Si uno se dedica a malgastar la palabra fascismo cada vez que habla un godo, queda uno desarmado cuando se encuentre con un fascismo de veras. Salir a decir que la elección entre Petro y Duq...